miércoles, 15 de enero de 2014

LA VIDA EN LOS CENTROS PENITENCIARIOS

El ingreso de una persona en prisión supone su aislamiento afectivo y social, conlleva la pérdida de sus roles sexuales, familiares y sociales, y produce un deterioro de su propia identidad  y de su autoestima. 

Su comportamiento es supervisado continuamente por los funcionarios de la prisión y corregido dominantemente por un sistema de normas formales que le exigen una subordinación que llega a lo servil y que invaden su intimidad. 
Como consecuencia se desarrolla un código de normas y valores en contra de las normas y fines oficialmente declarados por la institución.




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